Mi entrevista con Nadal Suau en El Mundo sobre Baleares, la globalización y nuestro futuro económico tras la crisis

“Como expatriado desde hace años, una fantasía personal es la de volver a Mallorca para desarrollar aquí una tarea profesional parecida a la que puedo hacer en Londres, Nueva York o Washington. Y aunque sé que ahora no es posible, también creo que no debería ser imposible. A fin de cuentas, los centros de excelencia económica se generan por muchas razones y algunas de ellas están presentes en Mallorca: me refiero a la calidad de vida, el clima, las conexiones aéreas… Yo mismo paso a veces una semana trabajando en Mallorca sin perder el contacto permanente con mis colegas de Singapur o Londres… ¡Aunque el Bar Bosch sea un elemento de distracción!”

La entrevista en la página web aquí

Posiciónese en el debate propiciado por el Gobierno español: ¿España ha superado la crisis? Y sea cuál sea la respuesta, ¿qué le espera al ciudadano medio a corto y medio plazo?
Hay aspectos en los que, efectivamente, puede decirse que lo peor de la crisis se ha superado. Pero lo que diferencia a España de otros países es la velocidad de los acontecimientos: en comparación con Estados Unidos, que son quienes marcan el inicio de la crisis, nosotros tardamos mucho en entrar en ella y lo hicimos con una virulencia tardía. Y en consecuencia, ahora que ellos han logrado ya una velocidad de crucero, nosotros seguimos con problemas graves. Si hemos vivido un ciclo de desaceleración, recesión y depresión, España apenas ha salido de esa última etapa de depresión. De ahí sólo se sale muy gradualmente. Y sobre todo, en las métricas en las que todos querríamos ver mejoras palpables, que son las relativas al desempleo, me temo que tardaremos muchos años en tener alguna satisfacción. Esa es una realidad que hay que asumir y a partir de la cual cada uno tendrá que tomar decisiones y ajustar su comportamiento personal. Por otra parte, dentro de nuestro país todos sabemos que hay desigualdades: en Baleares vamos a salir mucho mejor parados, porque dependemos de unas coyunturas exteriores que ahora mismo son favorecedoras. Eso no excluye que esas coyunturas puedan tener comportamientos irregulares, por supuesto: ahora mismo, la caída del precio del petróleo es un buen ejemplo de ello. Pero en conjunto, las circunstancias pueden favorecer a las Islas.

Una de esas circunstancias exteriores iba a ser, hasta hace poco, la emergencia del mercado ruso. Había muchas expectativas depositadas en ese frente. Sin embargo, la economía rusa atraviesa ahora graves problemas y el rublo ha caído.
La economía rusa va a pasar una crisis similar a las que tuvo en los noventa o en 2008. En este sentido, es una economía que demuestra una predictibilidad similar a la de los países latinoamericanos hasta finales de los 90. Y eso será así durante las próximas décadas, sin duda: sus crisis serán periódicas. El turismo ruso, en consecuencia, no será el complemento que habíamos pensado. Pero esto no sólo se nota aquí: en Londres también han sufrido ese descenso. El turista ruso, que es de un gran poder adquisitivo, tal vez sigue teniendo dinero, pero más allá de eso sus intereses económicos están amenazados por Occidente y sus sanciones, y eso genera cierto rechazo. Pero bueno, si se trata de buscar mercados que complementen bien a los clásicos, pueden encontrarse otros. Y el gran mercado es el asiático: ese es un territorio infinito.

Cierto, pero mi experiencia al frente de esta sección es que el empresariado mallorquín no acaba de ver claro ese mercado, es decir: creen que ya hay otros destinos muy bien posicionados y no acaban de encontrar la tecla que les permita introducirse en Asia con garantías. Esa es, al menos, mi impresión. ¿Cuáles serían las claves para lograr esa penetración?
El visitante asiático es, por lo general, de mucho poder adquisitivo y exige un servicio de lujo oriental. Y eso Baleares (como, en general, toda España y también Italia) no lo ofrece. Este turista siente preferencia por Londres y Francia, que tienen un segmento muy desarrollado y consolidado de turismo de lujo. Y esto yo he tenido oportunidad de verlo: es un turista que puede llegar a quejarse porque en las cartas de vino de un restaurante, ¡los precios no son suficientemente altos! Claro, si eso es lo que piden, Baleares aún no lo ofrece. Y es más, probablemente no debamos volcarnos por completo en ese modelo. Pero sí podríamos crear un espacio que permita satisfacer ese perfil y ahora que la reconversión en Baleares, muy particularmente en el casco antiguo de Palma, se está enfocando hacia el lujo, todo esto hay que tenerlo muy en cuenta. Por otra parte, el asiático es muy mitómano: por eso, a Baleares sería interesante venderla creando un mito entre lujoso y cinematográfico. Pero para eso no vale con campañas turísticas convencionales; estuvo bien lo de Michael Douglas, pero hay que pensar en un producto específicamente diseñado para ellos y eso desde el cine puede lograrse.
Pues, como sabrá, los precedentes de la relación entre turismo y cine de gran estudio en Baleares no invitan precisamente al optimismo. Aquí ni se cumplen los compromisos con los productores de una superproducción como Cloud Atlas ni terminan de arrancar organismos como la Film Commission…
Bueno, pues eso es un error, porque hay pocas cosas que contribuyan más a crear una imagen potente que el cine.

¿Las Islas Baleares presentan las condiciones adecuadas para atraer empresas y talento internacionales que puedan asentarse aquí?
¡Esa es una de nuestras opciones de futuro más interesantes! Es cierto que ya tenemos los cuarteles generales de multinacionales mallorquinas pero que son, al fin y al cabo, empresas del sector turístico. El cambio cualitativo es diversificar en este aspecto. Como expatriado desde hace años, una fantasía personal es la de volver a Mallorca para desarrollar aquí una tarea profesional parecida a la que puedo hacer en Londres, Nueva York o Washington. Y aunque sé que ahora no es posible, también creo que no debería ser imposible. A fin de cuentas, los centros de excelencia económica se generan por muchas razones y algunas de ellas están presentes en Mallorca: me refiero a la calidad de vida, el clima, las conexiones aéreas… Yo mismo paso a veces una semana trabajando en Mallorca sin perder el contacto permanente con mis colegas de Singapur o Londres… ¡Aunque el Bar Bosch sea un elemento de distracción! [Ríe]. Y estoy convencido de que en Mallorca podríamos desarrollar hubs creativos (de música, diseño o cómic) y de servicios financieros, si bien es cierto que estos últimos exigen mucha inversión y reformas para lograr los mejores estándares en seguridad jurídica y fiscal, transparencia regulatoria, agilidad administrativa, etc. Además, creo que podríamos potenciarnos como un centro de debate y discusión, si encontramos la esponsorización y el mecenazgo adecuado. Yo a Michael Douglas (o al próximo multimillonario norteamericano que se enamore de las Islas) no le hubiera pedido un Costa Nord, sino un think tank. ¿Por qué no podrían acoger estas islas un mini Foro de Davos? ¿Se imagina la fotografía de Krugman y Stiglitz frente a la Seu? Eso tendría una fuerza enorme y al fin y al cabo el casco antiguo de Palma está a la misma distancia de Westmister que Davos. Baleares debería ser también un destino profesional y no sólo turístico.

Disculpe, pero… ¿Música, cómic? ¿Intelectuales? Entonces, ¿usted cree en la posibilidad de una industria cultural rentable? Me alegro, porque no es una mentalidad que abunde en esta tierra…
Claro que sí, con un matiz: la rentabilidad no la da el consumidor local, sino un mercado mundial. Pero esto vale para cualquier sector: tenemos que aprender a vernos, no como un mercado de consumo local, sino como parte de un mercado de producción global.

Visto desde Londres, ¿qué imagen tenemos como destino? ¿Hasta qué punto ha tenido impacto la polémica en torno a Magaluf?
Bueno, Ibiza es la darling del Reino Unido, muy por delante de Mallorca: yo diría que es incluso un apéndice de la City, el lugar de esparcimiento de cualquier joven de entre 25 y 35 años de una clase social que cada año tiene que esquiar una semana en Suiza y visitar otra semana los clubes y restaurantes ibicencos. En cambio, a ese nivel Mallorca es una gran desconocida, porque el potencial de su invierno (y todos los mallorquines sabemos que ese potencial existe) sigue sin explotar. Pero mire, yo ya he enviado a varias parejas de amigos a pasar un fin de semana a la isla fuera de temporada y siempre ha sido un éxito. Eso debería potenciarse mucho más y vuelvo a la idea del marketing audiovisual, tanto de ficción como de no ficción. ¿Magaluf? Bueno, sale mucho en la prensa, generando mucho ruido y contribuyendo a cierta confusión, porque se confunde la parte con el todo. Finalmente está Menorca: la versión mediterránea de la campiña inglesa, que podría atraer a esa clase alta londinense que conduce 4 horas para ir a su casa de fin se semana en Cornualles, Devon o los Cotswolds.

¿Y nuestra imagen como lugar en el que invertir?
Los extranjeros no dejan de preguntar cuándo llegará el momento de volver a invertir inmobiliariamente en Mallorca. ¡Y seguramente ese momento es ya! Pero eso sólo se ve claramente cuando hay una tendencia al alza de los precios, porque es entonces cuando la gente entiende que ya tocaron suelo. Cuando eso ocurra con claridad, seguro que empezaremos a ver una mayor inversión en Baleares. Con todo, naturalmente ahora no queremos volver al modelo de gran crecimiento del precio de la vivienda. Quizá nos interesa, eso sí, recuperar los precios de 2008 para que las familias baleares recuperen el valor de mercado de sus viviendas, pero poco más.

¿Cuál va a ser el lugar de Europa en el mundo a corto y medio plazo? ¿Será una Europa sin clase media, como tantos vaticinan? O preguntado de otro modo, ¿en qué consistirá ser clase media de ahora en adelante?
La globalización ha sido explicada mediante algunos grandes relatos de transformación y uno al que no se ha hecho suficiente caso es el de la integración del mercado laboral mundial. Ahora mismo, un balear compite por una renta del trabajo contra un chino o un latinoamericano. Y eso hará que se le coloque en la escala mundial del trabajo de acuerdo con sus capacidades, y si no es capaz de ofrecer un precio competitivo por un trabajo igual o mejor, lo tendrá muy difícil. Así que la clase media europea va a vivir bajo una tremenda presión. Además, muchos de los trabajos que teníamos no volverán, porque ha habido una deslocalización debida no a que las empresas se hayan ido, sino a que muchas empresas del siglo XXI ya se están creando fuera. Una crisis es un proceso de destrucción creativa y en esta última se ha destruido aquí y se ha creado allá. Finalmente, añada a todo esto un efecto que ya padecía Estados Unidos desde los 70 y que se conoce como jobless recovery, consistente en que te recuperas siempre con un nivel de paro estructural mucho mayor. En definitiva: cada vez habrá menos trabajo bien remunerado en los países occidentales. Ante eso toca, o bien asumir tu vulnerabilidad y por lo tanto emprender reformas y aumentar el nivel de competitividad de las personas mediante la educación; o bien hacer políticas proteccionistas basadas en la represión fiscal y la redistribución. Pero eso último, a largo plazo, no te ubica en la economía del siglo XXI.

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