La gran consolidación (Tribuna en El Mundo)

La compra de los activos españoles de Barclays por parte de CaixaBank no es más que otro prolegómeno de la larga consolidación que le aguarda a la banca europea en los próximos años.

Este proceso responde a la inescapable dinámica de la incipiente Unión Bancaria. Como paso previo a la transferencia de competencias desde las capitales europeas hacia los entes supranacionales de Fráncfort (Banco Central Europeo) y Londres (Autoridad Bancaria Europea), las autoridades financieras de la UE han exigido unos rigurosos exámenes a los 128 mayores bancos de la Eurozona.

El resultado de estas pruebas determinará las necesidades de recapitalización y la magnitud de la reestructuración de la hoja de balance para asegurar un mínimo de resiliencia financiera.

Barclays fue de los primeros en advertir problemas para pasar el examen y, por ello, anunció la desinversión de activos calificados como problemáticos o no estratégicos, es decir, de poco rendimiento o en zonas periféricas (léase España). Esta sanación de la banca es indispensable para hacer tábula rasa y poder supervisar un sector bancario renovado con vistas a que el crédito vuelva a fluir.

El banco británico no es la primera ni será la última institución sujeta a esta reordenación. La mayoría de grupos bancarios europeos tendrán que acometer similares ajustes, dando lugar a una ola de compraventas no solo en la Eurozona pero también en Europa del Este, donde el 70% de los activos bancarios corresponde a subsidiarias extranjeras.

Mientras que en países como España este proceso llevaría a la concentración del sector alrededor de bancos de gran fortaleza local como CaixaBank, BBVA o Santander, en la parte oriental del continente la consolidación será mixta: conglomerados extranjeros reforzarían su presencia pero también los emergentes grupos locales aprovecharían para hacerse un hueco.

A estos procesos les sucedería más adelante una transformación de mayor calado a nivel europeo. Si los exámenes de admisión de octubre han de producir una concentración a escala local, la lógica supranacional del nuevo marco regulatorio es probable que dé lugar a una consolidación paneuropea sin precedentes que reduciría el número de entidades.

Libres de tener que rendir cuentas a las capitales nacionales y con una economía europea cada vez más integrada, los bancos se encontrarán con menos dificultades y más incentivos para emprender grandes operaciones de adquisición y fusión como ocurrió en los 90 en España. La incógnita será cuáles de nuestros bancos sobrevivirían a ambos procesos para unirse al grupo que domine el mapa bancario europeo en las próximas décadas.

Antonio Timoner Salvá es economista bancario de la consultora IHS en Londres.

El Mundo - 2 Septembre - External Contribution

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